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fernandolb28
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ayudaaaaaa que traicion cometio ignacio velez segun facundo galvan ?? graciasss¡¡¡

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roca

La obra comienza cuando Ignacio Vélez, hermano de Antígona, deserta de la civilización y se une a los indígenas. En la contienda mueren ambos hermanos, Ignacio y Martín. Facundo Galván ordena que Ignacio no sea enterrado, debido a su traición. Antígona Vélez, como la heroína de Sófocles, desobedece el mandato de Facundo Galván (Creonte): Antígona reconoce la acción innoble de su hermano, Ignacio Vélez, y sabe que con su muerte ya ha sido castigado. No se opone a ella ni se rebela (“Ya tiene su castigo”, dice). No es contra la ley del hombre contra la que lucha, sino contra el edicto del hombre que afrenta a lo divino. Es esa “ley más vieja” la que Antígona quiere hacer respetar, la ley divina. Dice el Viejo, que conoció a Luis Vélez: “Leyes hay que nadie ha escrito en el papel, y que sin embargo mandan”, y, más adelante, el Coro de Hombres: “Es una ley antigua la que nos manda esconder abajo nuestra miseria”. Y Antígona a su hermana, Carmen, a la que el miedo impide actuar con y como ella: “La tierra lo esconde todo. Por eso Dios manda enterrar a los muertos, para que la tierra cubra y disimule tanta pena”. El acto de desobediencia civil que Antígona Vélez ha cometido al enterrar a Ignacio Vélez conlleva la condena a muerte de don Facundo Galván. Esta “desobediencia civil” hermana a Antígona con una heroína lorquiana: Mariana Pineda. Mariana es condenada a muerte por haber bordado una bandera republicana y servir a esta causa. La heroína lorquiana no ignora qué suerte puede correr de ser sorprendida, pero una fuerza mayor le conduce: el amor por don Pedro. Mariana morirá a garrote vil y sola, sin poder contar ni con la ayuda ni con la presencia de su amante. Antígona Vélez tampoco ignora cuál puede ser la condena, pero la fuerza que a ella le guía es mucho más fuerte: cumplir con una ley divina, enterrar a su prójimo, a su hermano. Es por eso que, frente a la heroína lorquiana, los dioses se apiadarán de ella y no la dejarán morir sola, sino junto a su amado, Lisandro Galván. Es más, será preciso que mueran por la misma y única lanza que hirió a Cristo en la cruz en parecido acto de redención, para que exista una esperanza para los hombres, una nueva vida, un mañana, que es el que Facundo anuncia en su sentencia final. 

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